Cuando un niño o una niña vive situaciones de violencia dentro o fuera de su hogar, las secuelas emocionales no se borran con palabras ni con trámites fríos. Se necesita humanidad, sensibilidad y un verdadero sentido de protección hacia la niñez. Por eso, ver que los Centros de Justicia para las Mujeres (CEJUM) en Baja California están utilizando terapias asistidas con binomios caninos para atender a más de 1,100 menores es una noticia que toca el corazón y demuestra empatía real.
Este proyecto, que nació aquí en Tijuana y que bajo la administración de la gobernadora Marina del Pilar se ha expandido a San Quintín y ahora a Mexicali con un nuevo binomio canino, representa un avance tangible en el cuidado de la salud mental de nuestras familias. Un perro entrenado no juzga; brinda un espacio de calma, confianza y consuelo incondicional en los momentos más oscuros de un pequeño.
Hay que reconocerlo cuando las políticas públicas dejan a un lado el escritorio y se enfocan en la calidez humana. Proteger la inocencia de las nuevas generaciones y darles herramientas para sanar el alma es una inversión directa en el futuro de nuestra comunidad. El hogar y la familia deben ser un refugio seguro, y cuando ese entorno se fractura, la respuesta de las instituciones debe ser justa, rápida y compasiva.
El reto ahora será mantener estos programas bien financiados y llevarlos a cada rincón del estado donde un niño necesite recuperar la sonrisa y la tranquilidad.
¿Qué opinan de incorporar la empatía y la terapia canina en la atención a las víctimas de violencia en Baja California?